Leticia vio a Diego y, al notar a la niña que lo acompañaba, apresurada apartó la mirada.
Desde el carrusel, Lidia y Augusto también lo detectaron.
—¡Papá! —exclamó Lidia, con entusiasmo.
El rostro de Diego se ensombreció al instante, reflejando total desagrado.
Le lanzó a Leticia una mirada fulminante, quien, sintiendo la fuerte tensión, mordió su labio, deseando explicarse.
Pero Diego no le dio oportunidad alguna.
Con decisión, se agachó y levantó de inmediato a Yulia en brazos.
—Yulia, vamos