—Jefe, la señorita Marina ya se ha ido. Nuestro equipo está en el lugar para recibirla —informó Daniel con respeto mientras presionaba el botón del ascensor—. Por ahora, hemos asegurado la salida por el lado de Nicolás.
Las puertas del ascensor en ese instante se abrieron y los guardaespaldas empujaron la silla de ruedas hacia adentro, seguidos por Daniel.
En realidad, Daniel no estaba de acuerdo con que Diego viniera en ese preciso momento. Su salud aún no se había recuperado por completo y no