Yolanda, incrédula, tomó a Marina del brazo con preocupación y le preguntó:
—¿Estás bien?
Marina apenas pudo fingir una sonrisa en ese instante.
Sin que ella lo notara, Viviana se le acercó con una mirada muy astuta y, en un tono bajo, le susurró al oído:
—Señorita Marina, ya te lo dije aquel día en el hospital: conserva un poco de dignidad y no traigas al mundo un hijo ilegítimo solo para hacerle la vida difícil a los demás.
—Gracias por el consejo. Si decido tener al bebé, llevará mi apellido