Marina sonrió y saludó:
—Señorita Leticia.
Luis y su hermano se sentaron, mientras Marina permanecía de pie detrás del sofá, para no interrumpir en ese momento su conversación.
En un evento como este, una secretaria no podía simplemente unirse a ellos de manera tan fácil.
Julio observó la cadena que Leticia sostenía en su mano.
—¿Por qué no te la pones?
—Llegaron demasiado pronto. Justo iba a pedirle a Diego que me ayudara con la cadena —dijo Leticia con un tono muy dulce y coqueto—. Qué pena.