Muy temprano en la mañana, un ramo de rosas apareció frente a Yulia.
—Ayer asumiste el cargo de gerente general, de presidenta, y había pensado enviarte flores, pero ya estoy un día tarde —dijo Baltasar, visiblemente avergonzado.
Yulia tomó las flores y no pudo evitar sonreír, feliz.
—¿Estás feliz? —preguntó Baltasar, mirándola con una sonrisa traviesa.
—No —respondió Yulia, sin querer admitirlo—. Regalarme flores un día después.
—Si no estás feliz entonces, ¿por qué sigues sonriendo? —Baltasar