El camino no tenía tráfico alguno.
Diego hoy había venido conduciendo solo.
Con una mano controlaba el volante, mientras apoyaba el codo en el borde de su ventanilla.
La velocidad del coche aumentaba de manera lenta.
El viento entraba por la ventana, acariciando el rostro esculpido y atractivo de Diego.
Su expresión era algo sombría.
“Me siento un poco incómodo sin razón alguna, ¿qué hago?”
Diego no podía dejar de pensar en la imagen de Marina abrazando a otro hombre.
Detuvo en