Eugenio entró al despacho del presidente del Grupo Yulia con mucha calma, disculpándose por su tardanza.
—Perdón por el retraso, llegué diez minutos tarde.
Fernando se levantó al instante, y Yulia enseguida hizo lo mismo.
Fernando sonrió y, con un gesto amable, le dijo:
—Señor Eugenio, por favor, tome asiento.
Aunque se conocían de negociaciones anteriores, hoy todo era distinto. Lo que estaba sobre la mesa era mucho más importante.
En ese preciso momento, Ricardo entró con café en la mano para