Diego arregló las sábanas con mucho cuidado.
Marina también fue aseada por Diego y vestida con ropa limpia.
Diego, a su vez, fue obligado por Marina a envolverse la cintura con una pequeña manta adornada con flores.
Ambos se sentaron tranquilos en el sofá.
Marina tenía muchas cosas que quería decirle a Diego, pero al final, solo le dejó algo en claro:
—¿En qué demonios estabas pensando?
¿Quién regresa de un viaje y lo primero que hace es acostarse? Ni siquiera temes quedarte sin fuer