Al día siguiente, Ricardo tocó la puerta con el desayuno en las manos.
Cuando Marina abrió, Ricardo se dio cuenta de inmediato de que sus ojos estaban rojos y visiblemente cansados.
—¿Jefa, le duelen los ojos? —preguntó Ricardo, bastante preocupado.
—No, estoy bien —respondió Marina, con un tono tranquilo, tratando de restarle importancia.
Ricardo le pasó enseguida el desayuno y, mientras ella comenzaba a comer, salió a apresurado buscar algo para aliviar sus ojos.
Después de que Marina terminar