El agua fría del mar casi la envolvió por completo en un instante.
Las enormes olas golpeaban a Marina con tal fuerza que parecía que la iban a arrastrar.
Justo cuando sentía que las olas la iban a tragar, un guardaespaldas que la había seguido con rapidez logró sujetarla.
—¡Señora, no puede seguir! —gritó el guardaespaldas, usando todas sus fuerzas para arrastrarla de regreso a la orilla.
…
El sol ya se estaba poniendo.
Era como si el tiempo se hubiera detenido. Marina, envuelta en una manta, s