Los ojos de Victor reflejaban una clara frustración en ese momento.
Cuando vio salir a Yolanda, se acercó de inmediato y trató de decirle algo:
—Yolanda, yo...
No pudo terminar la frase cuando ella lo miró con una expresión sombría.
Ese día llevaba un vestido blanco, sencillo pero elegante, con el cabello suelto cayendo sobre sus delicados hombros. Su rostro, puro e inocente, mostraba una pizca de terquedad.
—Marina, vámonos —dijo, sin pensarlo dos veces.
Victor apretó con fuerza los labios, sin