Marina, en la oficina, recibió una llamada de Leticia, algo que le pareció algo inusual. Al escuchar que la madre de Luis deseaba hablar con ella, levantó las cejas, intrigada.
—Está bien, mañana a las seis de la tarde —confirmó.
Leticia sonrió, satisfecha al contemplar la cadena de aguamarina que le había enviado la casa de subastas.
—Perfecto, Marina. Espero que no le menciones nada de esto a Luis.
—Claro —respondió Marina, aún sin entender del todo de qué se trataba, así que no tenía intenció