Después de que Camilo se marchara, pidió al chofer que lo llevara al Jardín Esmeralda.
El cielo comenzaba a oscurecer, mientras las luces de la casa permanecían apagadas.
Se encontraba en la habitación que había compartido con Marina, contemplando el hermoso paisaje a través de la ventana.
—Camilo, siempre te duele el estómago. Por eso hoy aprendí a preparar un platillo que es bueno para ti; te lo cocinaré —recordó al instante la voz serena y preocupada de Marina.
¿Por qué era tan torpe en cue