En el banquillo de los acusados, Mafalda se mostraba indiferente.
Frente a ella, en el de los demandantes, estaba Marina, decidida.
La familia Vásquez sabía que Marina no retiraría la demanda, lo que les obligó a contratar un abogado.
Mafalda, con una mirada de odio, parecía lista para lanzarse sobre ella.
La gravedad de la extorsión, sumada a las pruebas incuestionables, colocaba a Mafalda ante la posibilidad de diez años de prisión, a pesar de los esfuerzos de su defensa.
Al salir del tribuna