Un airecito caliente la despertó, pero estaba tan a gusto… El calor de otro cuerpo junto al de ella, el roce de otra piel contra la suya… ¡Qué sensación tan deliciosa! Se sentía calentita y protegida. No quería abrir los ojos, pero al final los abrió, renuente. Sergio la estaba mirando, divertido, notaba su aliento sobre el cuello.
Se dieron un dulce beso, largo, tierno, tranquilo, de esos besos que se disfrutan con alevosía.
—Buenos días —dijo Laura, perezosa, apartando su boca de la de él.
—¿