—Claro —contesto.
Suelta un bufido.
—Lo siento, miento fatal.
—Quizá, pero no se puede decir que te hayas esforzado mucho.
—Lo siento, es que…
No acabo la frase y me coloco un mechón de pelo tras la oreja.
Llevo el cabello recogido en un moño y se supone que debo llevar sueltos unos cuantos mechones, pero en estos momentos no hacen más que ponerme nerviosa.
—La verdad es que resulta inescrutable —comenta Evelyn.
—¿Quién?
Señala a Damien con la cabeza, y yo miro en su dirección. Sigue hablando c