Necesitaba saborear en soledad cada una de las palabras escritas por su amado.
Se aseguró de que la puerta estuviera cerrada con llave y devoró con la mirada la postal. Era, al igual que la vez anterior, una fotografía, pero en esta ocasión no de un paisaje, sino de una persona.
La observó atentamente, con el corazón a punto de escapársele por la garganta.
Era él.
Jared.
Se encontraba en mitad de un desierto helado, tan brillante, que la luz se reflejaba sobre el suelo que pisaba. No había nada