—Buenos días, Dolores, Nuria. ¿Qué tal la mañana? —saludó el cartero asomándose a la puerta de la mercería.
—Buenos días, Antonio. Si son facturas lo que traes, ya puedes ir dándote la vuelta —bromeó la anciana acercándose al hombre para recibir las cartas.
—Pues no, hoy tienes una postal, y debe de ser de algún cliente que compartís varios comercios de esta calle, porque he entregado dos más de la misma provincia —comentó divertido tendiéndosela y regresando a su trabajo.
—¿Una postal? —pregun