Llegó la noche y el momento de escapar había comenzado. Gabriela sabía que Rodrigo no estaba en la mansión y que era su única oportunidad para salir de ese infierno. Se vistió rápido, con ropa cómoda, y antes de bajar fue a buscar a la niñera.
La mujer estaba en el pasillo, cerca del cuarto del niño. Gabriela se le acercó despacio y, con una mirada muy seria y llena de angustia, la tomó de los brazos.
—Por favor, cuida mucho a Santiago. No lo dejes solo ni un segundo —le dijo Gabriela en un