La llegada de la primavera vistió los acantilados de Santa María con un tapiz verde intenso salpicado de flores silvestres. Las brisas heladas del invierno dieron paso a un aire cálido que traía consigo el aroma salino de la costa y el perfume dulce de las acacias en flor que custodiaban el camino de la residencia.
Mateo, con catorce meses de vida, se había convertido en un niño inquieto y curioso. Caminaba ya con total soltura por los senderos de piedra del jardín, siempre bajo la mirada ate