La luz de finales de verano cedió paso a los matices cálidos del otoño costero. Sobre la bahía de Santa María, los atardeceres se volvieron más largos y dorados, tiñendo las rocas del acantilado con destellos ámbar mientras el viento del sur traía una frescura limpia que invitaba al refugio de la madera y el fuego.
En el ala oeste de la residencia, Mateo cumplía seis meses de vida. El pequeño, cada vez más activo y curioso, pasaba las mañanas sentado sobre la alfombra de lana del salón, inten