—¡Deja de causar escándalos! —exclamó Olaia.
—¿Qué?
Izan finalmente abrió los ojos, sorprendido:
—¿Delia? ¿Por qué estás aquí? Pues…
Luego, avergonzado, se rascó un poco la cabeza:
—¿Tú también has venido…?
—Sí, también vine a darle un beso a Olaia —bromeé señalando el zapatero—. Ponte cómodo.
Por su reacción, era obvio que no era la primera vez que venía. No necesitaba que le trajera las pantuflas.
Volví la cabeza y le lancé una mirada interrogante a Olaia, y ella se encogió un poco los hombros