A medida que la noche caía, la ciudad se sumía en una profunda humedad y oscuridad.
Desconocía lo que ocurría en la Ciudad de Porcelana.
Sin celular y sin reloj en la habitación, sólo podía mirar por la pequeña ventana y ver el mar negro, incapaz de determinar la hora.
Solo cuando Enzo llegó con la comida deduje que ya era de noche.
—¿Por qué no comes?
Desconfiaba de Enzo; ni siquiera me atrevía a beber agua, mucho menos a probar lo que traía.
—A mí no me importaba. Al final, solo te pondría una