En la azotea del hotel, un helicóptero aterrizó.
Los hombres vestidos de negro descendieron de manera ordenada, seguidos de León.
Por último, apareció un hombre de cabello rizado y amarillo, con ojos azules y piel enfermiza.
Sus labios, en cambio, eran de un rojo intenso, lo que le otorgaba un aire seductor.
Llevaba un elegante traje blanco que encajaba a la perfección y era verdaderamente sofisticado.
—Señor Seno, debo recordarle que Mateo no es alguien fácil de manejar —dijo con seriedad.
Seno