—Mateo, date cuenta de que estás en nuestro terreno. Ser tan arrogante solo te conducirá a la muerte.
—Entonces, veamos si tienes lo que se necesita para matarme —Mateo se rio, indiferente.
De repente, sonaron aplausos.
Mateo ni se molestó en mirar.
Ese tipo era tan repulsivo que solo con verlo le daban ganas de vomitar.
—Definitivamente, esto es interesante —dijo Seno, fijando su mirada en Mateo, lo que le provocaba incomodidad.
Antonio, quien había escalado posiciones para convertirse en el má