—Si es una niña, tú...
—Jeje.
Mateo soltó una sonrisa ligera.
Sin embargo, su mirada no reflejaba alegría: —Me doy cuenta de que te has vuelto exigente por mis atenciones.
Su tono relajado me indicó que no estaba enojado.
Me acurruqué bajo su barbilla y le conté lo que había hablado con Enzo.
Mateo intentó mantener la sonrisa: —¿Qué pretendes? ¿Que deje que mi novia se vea con alguien que tiene malas intenciones?
—¿Por favor? —usé mi carta de triunfo, apelando a su ternura—. ¿Deberías protegerme