Delante de él, podía ser Delia o Irene y sentirme completamente libre.
Eloy guardó silencio un momento, se quitó las gafas de sol y sus ojos se humedecieron. Su sonrisa ligera mostraba una amarga tristeza: —En el fondo, tus padres biológicos fracasaron, y por eso has sufrido tanto...
Me sentí desorientada: —¿Señora García, qué le ocurre?
—Delia...
Eloy tragó en seco, sacó una caja de joyería de su bolso y me mostró: —¿Este es el colgante que perdiste?
Al ver el brillante colgante de jade, me sor