En el aeropuerto Internacional de la Ciudad de Porcelana.
Yolanda, con tacones rojos, salió del aeropuerto con paso decidido y se inclinó para entrar en el Rolls Royce que la esperaba.
Al moverse, su larga falda se alzó ligeramente, revelando una esbelta pantorrilla.
La mirada de Sebastián se oscurecía al recordar cómo, la mañana anterior, esa pierna había estado rodeando su cintura.
Salieron de la autopista del aeropuerto, dirigiéndose al centro de la ciudad.
Yolanda estaba de buen humor y tara