Asentí: —Sí.
—Entendido.
Mateo hizo una pausa breve, con una sonrisa en la voz, y sugirió suavemente: —¿Quieres que vaya a buscarte?
Aunque estaba algo molesta, al escucharlo se me pasó el enfado:
—No hace falta, tengo auto. Pero primero tengo que hablar con Olaia, puede que tenga que ver la tienda antes de ir a verte.
Apenas terminé de decir esto, me llamó Olaia. Rápidamente le dije a Mateo: —Hablamos luego, voy a contestar a Olaia.
Al descolgar, escuché la alegre voz de Olaia: —Delia, ¿ya está