Diego saltó de emoción y me plantó un beso en la mejilla: —¡Tía, eres la mejor!
Después corrió hacia el ascensor y se lanzó a los brazos de su papá.
Sebastián lo cargó, se acercó y me devolvió el móvil con una leve inclinación de cabeza: —Ya hablé con Yolanda, así que me llevo a Diego.
—¡Tía, me voy! —dijo Diego lanzándome un beso volado—. Pero no te preocupes, volveré antes de que oscurezca.
¿Volverás?
Lo miré sorprendida, y hasta Sebastián frunció levemente el ceño, pero no dijo nada.
Le acari