Capítulo 467
Al abrir la puerta, me encontré con un hombre desconocido.

Vestía un traje de chaleco impecable, era alto y esbelto, y llevaba un abrigo oscuro en el brazo.

Parecía tener poco más de treinta años, pero su porte era solemne y enigmático, como el de un hombre mayor.

No lo reconocía, así que me quedé un momento confundida: —Hola, ¿a quién busca?

—Hola —respondió con una leve inclinación de cabeza—. Busco a Diego.

—¿Diego? —mi mente quedó en blanco por un segundo, pero rápidamente reaccioné.

—Sí.

—¿
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