Aunque lo había pensado, seguía sintiéndome inquieta.
¿Y si al encontrarla no era como lo imaginaba?
Quizá ya tenía una familia, hijos y una vida feliz.
Mi aparición podría ser la piedra que rompió su estabilidad.
Además, hace dos años perdí el colgante de jade.
Buscarla ahora sería como encontrar una aguja en un pajar.
Para mi sorpresa, Eloy se ofreció: —Puedo ayudarte a buscarla, ya sea de manera pública o privada, como prefieras.
Me sorprendí: —¿De verdad?
—Por supuesto —asintió Eloy, mirando