En el club privado de la Ciudad de Perla.
El ambiente estaba cargado mientras se intercambiaban copas y se intensificaba la conversación.
El hombre en el centro de la mesa, con un traje a medida y una expresión impasible, no mostraba ni alegría ni enojo.
Sin embargo, su presencia imponente era suficiente para imponer respeto a todos los presentes.
A su derecha, Hugo se levantó con una copa en la mano: —Señor Romero, en cuanto a este proyecto, estamos absolutamente comprometidos. Cualquier condic