Él ya había tomado su decisión y, llegado a este punto, no tenía más opciones.
Aun así, quería ser egoísta una última vez.
Me puse de pie y le dije: —Señor Vargas, si usted no puede hacer nada, dudo que yo pueda.
No quería decidir por Mateo bajo la excusa de su bienestar.
Sin embargo, respetaría su elección, cualquiera que fuera.
Alfonso me miró con frialdad: —Ahora está cegado por el amor, impulsivo, dispuesto a renunciar a todo por ti. ¿Pero qué pasará después? ¿Cómo será cuando se acabe el en