Él era muy ágil en la cocina.
En menos de media hora, ya había lavado y cortado los ingredientes.
Aunque le pedí papas a la juliana, parecía que iba a hacer papas fritas.
Bueno, las papas fritas también estaban bien.
Aburrida en el sofá, revisaba el celular cuando lo vi salir de la cocina con un delantal puesto. Siempre tan altivo, se rascó la cabeza y dijo: —¿Por qué no te das una ducha antes de cenar?
Me sorprendió: —Prefiero ducharme después de comer.
—Date una ducha. Así te sentirás mejor pa