Me sorprendí y lo miré con desdén: —¿Acaso dije que quería casarme contigo?
—Todo lo demás puede ser como tú quieras.
Mateo esbozó una ligera sonrisa: —Pero en esto, yo decido.
...
Lo miré con reproche: —¿Vas a obligarme si no quiero?
Mientras hablaba, bajé las escaleras.
Al ver que me seguía para subir al coche, le pregunté curiosa: —¿Y tu coche?
—El conductor se lo llevó.
Mateo abrió la puerta del copiloto, dio un paso largo y se subió al coche con naturalidad, moviéndose con más rapidez que y