—Eh...
Olaia observó que aún podía manejar la situación y, temiendo que causara más problemas, no dijo nada.
Pero al escuchar el comentario de Mateo, no pudo evitar atragantarse con su propia saliva.
Isabella podía ser mordaz conmigo, pero con Mateo se calló completamente.
Al estar Ana presente, no podía mostrar actitud de mayor y se sonrojó de la incomodidad.
—¡Bribón!
Aunque Ana solía tolerar a Mateo, no podía dejarlo así. Lo miró con severidad: —¿Quién te enseñó a hablar así?
—Abuela, usted m