Él me extendió la caja y, con voz tranquila, dijo: —Míralo.
Parche de mentol.
Al ver esas letras grandes en la caja, deseé desaparecer. Me levanté rápidamente y dije: —Solo dame el medicamento. Me daré una ducha y me lo aplicaré yo misma.
Si no fuera por él, ya habría olvidado que me había caído.
—Está bien.
Él sonrió, con una expresión traviesa: —Ya le pedí al camarero que subiera a Olaia. Si no puedes aplicártelo por ti misma, ella te ayudará.
Desde el principio, él había pensado en la ubicaci