—Está bien.
Me acerqué dócilmente y comí algo, luego miré a Blanca con una sonrisa. Sentí una extraña tristeza, pero solo pude decir: —Abuela, estos días he estado molestándola, pero dentro de poco tengo que regresar a la ciudad de Perla. Le deseo una Feliz Navidad y que todo le salga bien.
—¿Cómo que te vas ya? ¿No ibas a ayudar a Mateo...?
—Él...
Reprimí mis emociones: —Creo que ya no necesitará mi ayuda.
Lo más probable era que su verdadero amor estuviera a punto de regresar.
—¿Qué quieres de