Todo mi cuerpo se tensó.
Me invadió una mezcla de sorpresa y desconcierto.
Quizá porque nuestra separación fue demasiado amarga, con demasiadas humillaciones, no podía imaginar hablar con él en paz tras el divorcio.
Lo único que quedó claro en nuestra relación fue que cada uno debía seguir su camino.
Que ninguno volviera a entorpecer la vida del otro.
Recuperé la compostura, lo miré con frialdad y pregunté: —¿Qué haces aquí?
—Yo...
Marc sacudió las cenizas del cigarrillo. En su mirada distante a