En la sala de la familia Hernández.
Afuera, sin que lo notara, comenzó a nevar de nuevo. Los copos caían en espirales, acumulándose en una fina capa blanca sobre el suelo.
Dentro, la calefacción era más que suficiente, pero al cruzar mi mirada con la fría expresión de Isabella, un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Ya me habían investigado.
Incluso descubrieron lo que hice antes de llegar a la ciudad de Perla; por eso me encerraron en el cuarto de almacenamiento y cortaron la electricidad a propósit