No se sabía si Enzo no había captado el significado oculto o simplemente no le daba importancia, sólo sonrió amablemente:
—Es una pequeña cosa. Vayan a lavarse las manos, que ya está lista la comida.
Enzo también era un excelente cocinero. Había preparado un montón de platillos en la mesa, llenando toda la casa de color, aroma y sabor, que incitaban mucho el apetito. Tanto Izan como Olaia no paraban de elogiar la comida. Yo tampoco pude evitar alabar:
—Enzo, ¡tus platillos se ven increíbles!
—Co