Pues estaba completamente confundida y le pregunté al revés:
—¿Qué demonios quieres decir en realidad?
Tenía una expresión heladora, casi aterradora.
—Deja de fingir.
Lo miré perpleja y sentí que la ira me invadía. Le exclamé:
—...¿Qué te pasa? No he hecho nada, ¿qué significas que estoy fingiendo?
—Eres bien terca.
Marc soltó una sonrisa gélida, volviéndose aún más implacable. Tomó su celular, hizo un par de clics y me lo acercó.
—Mira, ¿no es acaso tu obra?
Me quedé pasmada por un momento, l