—Claro que puedes —asentí con gusto, mirándola con cierta sospecha. —¿No será que... el tal Izan no te deja en paz?
—¡Ajá!
Tomó un trago de agua y soltó un eructo, con la mirada algo perdida, pero el pensamiento claro.
—Dice que no quiere separarse de mí y que está dispuesto a no hacer el matrimonio arreglado por mi familia por mí.
Me sorprendí:
—¿En serio o te está hablando palabras bonitas?
—¡Qué tontita! —se rio mientras me pellizcó un poco con sus dedos delicados con fina manicura y luego