—Entonces, ¿tienes miedo de que la verdad de la muerte de su madre lo vaya a afectar demasiado? —le pregunté.
—Sí —asintió con la cabeza—, el psicólogo me recomendó ir poco a poco, hasta que se recupere un poco más.
—Ya entendido —respondí en voz débil, sin realmente sentir nada más.
De hecho, si no fuera por el encargo final de mi abuelo, ni siquiera querría meterme más en los asuntos de la familia Romero.
Cuando llegó a casa, al pensar en lo que le había pasado a Marc, surgió de nuevo cierta..