—Ven a ver.
José le ofreció agua tibia. Cuando ella terminó de beber, se la quitó y le preguntó: —¿Quieres más?
Olaia negó con la cabeza, se sentó y se envolvió en la manta. Cuando sus pensamientos se fueron aclarando un poco, dijo: —No tengo nada. Puedes irte.
José la miró en silencio, sin decir una palabra.
Olaia tampoco dijo nada, pero después de un rato, parecía haber comprendido por qué José había venido.
—Fue Delia, ¿verdad?
—Sí, dijo que tienes la intención de terminar conmigo.
Olaia movi