Pero Paula no cedió. Con una determinación férrea, extendió la mano hacia José.
José, sin embargo, estaba completamente absorbido por sus propios pensamientos, preocupado por Olaia. Ya le resultaba lo suficientemente frustrante no poder estar con ella, y ahora tenía que lidiar con Paula.
Todo esto, al final, lo había originado Paula, quien no solo insistía en mantener al niño, sino que lo usaba como una herramienta de chantaje.
—Mi paciencia no es infinita, Paula —dijo José, con tono firme y ser