No tenía alternativa.
Buscar directamente a Olaia era inútil; ella se negaba a escucharlo.
Necesitaba una oportunidad para sentarse a dialogar en serio.
Tosió para aclararse la garganta y preguntó: —Entonces, ¿tienes alguna solución?
—Sí, curarte de una vez por todas esa enfermedad tuya.
Mateo se levantó, ajustándose los puños de la camisa con gesto despreocupado, y añadió: —Todavía necesito que me ayudes con mi boda.
José estuvo a punto de rechazarlo, pero una idea le cruzó por la mente y cambi