Olaia se quedó paralizada por un momento. Al reaccionar, intentó levantarse rápidamente, pero él la sujetó por la cintura con una fuerza inusitada.
—¡Quítame tus manos de encima!
José no solo no la soltó, sino que la apretó más contra él.
Olaia solo tenía una mano libre.
Intentó empujarlo, pero fue en vano. En su lugar, tapó su boca con la mano y, con un tono cargado de ironía, le dijo: —Vaya, señor José, ¿es esta tu forma de actuar? ¿Le gusta imponer su voluntad de esta manera?
—¡Déjala, José!