—Sí —dijo Mateo con una sonrisa.
—Nos vemos esta noche.
...
Después de que el auto de Olaia se alejara, Mateo caminó hacia donde estaba José.
El hombre de mediana edad se inclinó de inmediato en señal de respeto: —Señor Vargas.
Mateo apoyó una mano en el techo del coche, inclinando apenas el cuello para asomarse hacia el interior.
Al ver que el hombre dentro del auto permanecía inmutable, Mateo optó por darle un ligero puntapié: —Ya, deja de fingir.
José abrió los ojos con esfuerzo, y su voz ásp